El 24 con un lugar vacío, el aguinaldo, la zafra en la costa, la soledad de los mayores y quienes llegan de afuera: textos sobre el Uruguay de hoy.
Temporada y país
Un cuaderno de notas abierto junto a una baraja de tarot
De qué tratan
Son temas que no se resuelven con una respuesta rápida, porque dependen de cada familia: una adicción en casa, una deuda en el Clearing, un hijo que se va del interior, una abuela que pasa las fiestas sola. Detrás de cada texto está lo que Maryana escucha en sus llamadas, y la experiencia de alguien que también se fue de su país; ninguno promete resultados.
Por dónde empezar
Si se acerca diciembre, empezá por el Día de la Familia con un lugar vacío o por los papelitos de fin de año. Si el tema es la plata, por el aguinaldo. Y si alguien cercano no está bien, por ese texto, que tiene los teléfonos de ayuda.
En Uruguay el 25 de diciembre se llama oficialmente Día de la Familia, y la noche anterior tiene su ritual: el asado o la mesa fría en el patio, el vitel toné, el pan dulce, la sidra, los cohetes a medianoche y los gurises corriendo con bengalas. Cuando alguien falta, cada uno de esos detalles se vuelve un recordatorio. Estas líneas son para quien va a vivir el primer 24 con un lugar vacío.
Uruguay es el país con la población más envejecida de América del Sur. Hay muchísimas personas de más de setenta años que viven solas: viudas y viudos, gente cuyos hijos se fueron a Montevideo, a Buenos Aires o a Europa, amigos que se fueron muriendo. Durante el año la rutina sostiene: la feria del domingo, el club, la policlínica, la vecina. En diciembre, cuando todos parecen tener a dónde ir, la soledad se nota más.
Cada marzo miles de gurises del interior se suben al ómnibus en Artigas, Rivera, Melo, Treinta y Tres o Durazno para empezar facultad en Montevideo. Algunos vuelven en las vacaciones y ya no se quedan. Otros nunca se fueron y se preguntan si eligieron o si se quedaron por no animarse. En un país donde casi la mitad de la gente vive en el área metropolitana, irse o quedarse es una decisión que atraviesa a muchas familias.
Para miles de uruguayos, el verano no es descanso sino zafra. De diciembre a marzo trabajan en paradores, restoranes, hoteles, cuidando casas o vendiendo en la playa en Punta del Este, José Ignacio, La Paloma, Piriápolis o Punta del Diablo. Son jornadas largas, sin fines de semana, que muchas veces sostienen la economía de todo el año. Y mientras tanto, la pareja y los hijos quedan en Montevideo, en Minas o en el pueblo.
El último día hábil del año, en la Ciudad Vieja y el Centro de Montevideo, las oficinas tiran por las ventanas hojas de almanaque, papeles viejos y planillas que ya no sirven. Las calles quedan blancas, la gente sale a mirar y se despide del año entre bocinas. Es una costumbre muy montevideana, con algo de rito: lo que ya no sirve, afuera. Vale la pena llevarla un poco más lejos.
En Uruguay el aguinaldo se cobra en dos mitades, y la segunda llega en diciembre, justo cuando 18 de Julio y los shoppings se llenan de luces, cuando hay que pensar en la noche del 24 y del 31, en los regalos de los gurises, en la escapada a la costa y en la tarjeta que viene arrastrando cuotas desde el invierno. En pocos días puede no quedar nada. No hace falta privarse de todo; alcanza con decidir antes de cobrar.
En Uruguay casi todo el mundo sabe qué significa «estar en el Clearing»: figurar en la base de deudores que consultan bancos, financieras, inmobiliarias y hasta algunas empresas antes de contratar. Llega después de una cuota que no se pudo pagar, de una tarjeta que se fue de las manos o de un préstamo en una financiera con intereses altísimos. Este texto no es asesoramiento financiero; habla de lo que esa situación hace por dentro y de cómo empezar a moverse.
La pasta base llegó a Uruguay a principios de los 2000 y desde entonces atraviesa barrios de Montevideo, Canelones y del interior. Detrás de cada persona que consume hay una madre que no duerme, un padre que esconde la billetera, hermanos que ya no invitan amigos a la casa. Este texto es para esa familia. No reemplaza el tratamiento, que es lo primero, pero puede ayudar a pensar lo que se vive por dentro.
Uruguay es un país que habla poco de su tristeza. «Ta, todo bien», se responde, aunque no esté todo bien. Y sin embargo, las cifras de suicidio del país están entre las más altas de la región, y casi todas las familias conocen de cerca una historia que duele. Este texto es para quien nota que alguien querido no está bien y no sabe qué hacer. Lo primero: si hay riesgo, llamá a la Línea Vida, 0800 0767 o *0767 desde el celular, que atiende las veinticuatro horas, o al 911.
En los últimos años llegaron a Uruguay miles de personas desde Cuba, Venezuela y República Dominicana. Se las ve en los supermercados de Pocitos, en los deliverys en bicicleta, en las cocinas de los restoranes, en los consultorios y en las aulas. Yo nací en Venezuela, viví en Argentina, del otro lado del río, y hoy vivo en España; conozco bien lo que es empezar de cero en un país que no es el tuyo.