El chat: solo para coordinar
Por mensaje se acuerda el tema en dos líneas, el día, la hora y el enlace de pago. No hace falta mandar tu historia por escrito ni capturas de conversaciones con nadie. Todo eso se cuenta en la llamada, con tiempo.
La llamada: donde pasa todo
Son 45 minutos de voz en vivo. Nada de audios de diez minutos que llegan de a poco ni lecturas por escrito. La diferencia es enorme: en vivo podés frenar, preguntar, decir «no, eso no es así», y la lectura se ajusta en el momento.
Un primer mensaje que alcanza
«Hola, soy Mariana, de Rivera. Quiero hablar de mi relación. Puedo martes o miércoles después de las siete.» Con algo así ya se puede coordinar. No hace falta más.
Tu privacidad
Si compartís casa, buscá un momento en que puedas hablar sin que te escuchen, y usá auriculares. El chat lo podés borrar cuando quieras, y la llamada no se graba.
Si te preocupa que alguien vea el contacto, podés guardarlo con otro nombre.
Lo que nunca se pide
Datos de tarjeta, códigos que te llegan por SMS, fotos de otras personas, prendas, ni plata para «trabajos». El único pago es la sesión, por el enlace oficial de Stripe. Si alguien te escribe en nombre de Maryana pidiendo otra cosa, cortá la conversación.
Si no te llevás bien con la tecnología
Si nunca hiciste una llamada por WhatsApp, pedile a alguien de confianza que te muestre antes. Es simple: aparece como una llamada normal y se atiende igual.
