Decirlo sin vergüenza
A muchas personas mayores les cuesta admitir que se sienten solas. No quieren molestar a los hijos ni parecer una carga. Entonces dicen que están bien, que prefieren quedarse en casa, que no les importan las fiestas. A veces es cierto. Otras veces es una forma de no pedir. Si te reconocés ahí, decirlo con claridad a alguien de confianza es un acto de cuidado hacia vos.
Planear el 24 y el 31
No conviene esperar a ver qué pasa. Ayuda tener un plan, aunque sea sencillo: una llamada larga a una hora fija con un hijo o una nieta, una misa, la cena con una vecina que también está sola, un rato en la plaza del barrio cuando se juntan los cohetes. Saber de antemano qué vas a hacer evita esa sensación de vacío de las últimas horas del día.
Para los hijos que están lejos
Si tu madre o tu padre pasa las fiestas solo, una videollamada a la hora del brindis vale muchísimo. Mejor todavía si se organiza para que alguien de confianza pase a verlo ese día, o si se le manda algo que pueda abrir a medianoche: una carta, una foto impresa, un pan dulce. No hace falta estar para estar presente.
La soledad que no es tristeza
También hay personas mayores que eligen pasar las fiestas tranquilas, con su música, su comida y su silencio, y lo disfrutan. No todo estar solo es estar mal. Lo importante es que sea una elección y no una resignación. Preguntarte cuál de las dos es tu caso ayuda a decidir qué hacer.
Pedir ayuda cuando hace falta
Si notás que la tristeza dura semanas, que comés poco, que no tenés ganas de levantarte, consultá en tu prestador de salud. Las depresiones en la vejez son frecuentes y tienen tratamiento. Y si en algún momento aparecen pensamientos de no querer seguir, llamá a la Línea Vida, 0800 0767 o *0767.
Lugares donde no estar solo
En muchos barrios y ciudades del interior hay clubes de abuelos, centros diurnos, parroquias y organizaciones que organizan almuerzos o encuentros en diciembre. A veces alcanza con preguntar en la policlínica o en el municipio. Ir una vez no compromete a nada y puede abrir una rutina nueva para el resto del año.
Lo que se puede hacer por un vecino
Si sabés que en tu edificio o en tu cuadra hay una persona mayor que va a pasar las fiestas sola, un gesto chico cambia mucho: tocarle timbre para saludar, llevarle un pedazo de pan dulce, invitarla al brindis aunque sea diez minutos. Para quien está solo, que alguien se acuerde vale más que el regalo.
Una charla también puede ayudar
Muchas de las personas que me llaman tienen más de sesenta y cinco años. Les preocupan los hijos, el cuerpo, la casa, lo que queda por hacer. Una sesión de 45 minutos por teléfono es un rato para hablar con calma, mirar las cartas juntas y ordenar lo que pesa. Podés reservar la Sesión de Diagnóstico o, si te preocupa diciembre, la sesión de cierre de año.
Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.
