Primero, la ayuda que sí existe
La adicción a la pasta base se trata, y conviene buscar apoyo profesional cuanto antes. En Uruguay está el Portal Amarillo, centro de referencia nacional en drogas, y la línea de orientación de la Junta Nacional de Drogas; también las policlínicas y los equipos de salud mental de ASSE y de las mutualistas. Si hay riesgo inmediato, el 911. Pedir ayuda no es entregar a tu hijo: es empezar a cuidarlo de otra manera.
La casa que se enferma
Cuando alguien consume, la familia entera cambia. Desaparecen cosas, aparecen deudas, las peleas se vuelven diarias y la madre o el padre terminan organizando su vida alrededor de esa persona: si volvió, si comió, si está vivo. Ese estado de alerta permanente agota. Es habitual que quien cuida deje de cuidarse, abandone su trabajo o su salud, y se sienta culpable si un día sale a tomar un café.
Lo que no ayuda, aunque nazca del amor
Pagar sus deudas una y otra vez, mentir para cubrirlo, darle dinero «para comer» sabiendo a dónde va, o, en el otro extremo, los gritos y las amenazas que no se cumplen. Son reacciones entendibles, pero suelen sostener el consumo. Los equipos que trabajan en adicciones ayudan a la familia a encontrar un punto intermedio: límites claros, afecto que no se retira y ninguna complicidad con la droga.
La culpa de los padres
«¿En qué fallé?» es la pregunta que muchas madres y padres se hacen de noche. La adicción tiene causas muy diversas, y casi nunca es resultado de una sola cosa que se hizo mal. Cargar con toda la culpa no ayuda a tu hijo y te quita fuerzas. Hablarlo con otros padres que pasan por lo mismo, en grupos de familiares, suele aliviar más que cualquier consejo.
Los hermanos que quedan en segundo plano
Mientras toda la atención está puesta en quien consume, los otros hijos suelen quedar en un rincón. Algunos se vuelven perfectos para no dar más problemas; otros se enojan o se alejan. Dedicarles un tiempo propio, aunque sea corto, y explicarles lo que pasa con palabras sencillas, les evita sentir que no importan.
Cuidarte para poder sostener
No es egoísmo: si quien cuida se rompe, nadie sostiene. Dormir, comer, ver a una amiga, ir al médico, tener un rato que no gire en torno a la adicción. Pedir ayuda psicológica para vos también es parte del proceso.
Lo que puede aportar una sesión
Una lectura de tarot no cura una adicción ni dice si tu hijo va a salir. Lo que ofrece es una hora para ordenar lo que sentís, mirar qué límites necesitás poner y qué decisión está pendiente, con alguien que no juzga. Si te sirve, la Sesión de Diagnóstico es un buen lugar para empezar.
Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.
