Cuaderno · Temporada y país

Un hijo con la pasta base

La pasta base llegó a Uruguay a principios de los 2000 y desde entonces atraviesa barrios de Montevideo, Canelones y del interior. Detrás de cada persona que consume hay una madre que no duerme, un padre que esconde la billetera, hermanos que ya no invitan amigos a la casa. Este texto es para esa familia. No reemplaza el tratamiento, que es lo primero, pero puede ayudar a pensar lo que se vive por dentro.

Una madre sentada en la cocina de noche con una taza entre las manos
Una madre sentada en la cocina de noche con una taza entre las manos

Primero, la ayuda que sí existe

La adicción a la pasta base se trata, y conviene buscar apoyo profesional cuanto antes. En Uruguay está el Portal Amarillo, centro de referencia nacional en drogas, y la línea de orientación de la Junta Nacional de Drogas; también las policlínicas y los equipos de salud mental de ASSE y de las mutualistas. Si hay riesgo inmediato, el 911. Pedir ayuda no es entregar a tu hijo: es empezar a cuidarlo de otra manera.

La casa que se enferma

Cuando alguien consume, la familia entera cambia. Desaparecen cosas, aparecen deudas, las peleas se vuelven diarias y la madre o el padre terminan organizando su vida alrededor de esa persona: si volvió, si comió, si está vivo. Ese estado de alerta permanente agota. Es habitual que quien cuida deje de cuidarse, abandone su trabajo o su salud, y se sienta culpable si un día sale a tomar un café.

Lo que no ayuda, aunque nazca del amor

Pagar sus deudas una y otra vez, mentir para cubrirlo, darle dinero «para comer» sabiendo a dónde va, o, en el otro extremo, los gritos y las amenazas que no se cumplen. Son reacciones entendibles, pero suelen sostener el consumo. Los equipos que trabajan en adicciones ayudan a la familia a encontrar un punto intermedio: límites claros, afecto que no se retira y ninguna complicidad con la droga.

La culpa de los padres

«¿En qué fallé?» es la pregunta que muchas madres y padres se hacen de noche. La adicción tiene causas muy diversas, y casi nunca es resultado de una sola cosa que se hizo mal. Cargar con toda la culpa no ayuda a tu hijo y te quita fuerzas. Hablarlo con otros padres que pasan por lo mismo, en grupos de familiares, suele aliviar más que cualquier consejo.

Los hermanos que quedan en segundo plano

Mientras toda la atención está puesta en quien consume, los otros hijos suelen quedar en un rincón. Algunos se vuelven perfectos para no dar más problemas; otros se enojan o se alejan. Dedicarles un tiempo propio, aunque sea corto, y explicarles lo que pasa con palabras sencillas, les evita sentir que no importan.

Cuidarte para poder sostener

No es egoísmo: si quien cuida se rompe, nadie sostiene. Dormir, comer, ver a una amiga, ir al médico, tener un rato que no gire en torno a la adicción. Pedir ayuda psicológica para vos también es parte del proceso.

Lo que puede aportar una sesión

Una lectura de tarot no cura una adicción ni dice si tu hijo va a salir. Lo que ofrece es una hora para ordenar lo que sentís, mirar qué límites necesitás poner y qué decisión está pendiente, con alguien que no juzga. Si te sirve, la Sesión de Diagnóstico es un buen lugar para empezar.

Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.

Dudas de siempre

Lo que más se pregunta

Si tu duda no está acá, preguntale a Maryana por WhatsApp antes de reservar.

¿El tarot puede decirme si mi hijo va a dejar la pasta base?

No. Nadie puede asegurarlo con cartas. Lo prioritario es el tratamiento con profesionales.

¿Puedo consultar yo, aunque mi hijo no quiera?

Sí. La sesión trabaja lo que vos vivís y cómo querés acompañar, sin necesidad de que él participe.

$ 1.800 aprox.o reservá y pagáEscribime